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Nov 08

Michael Jackson: la leyenda

Cada generación forja sus propios ídolos musicales, de entre los que destaca alguno en particular para convertirse en icono de esa generación. Pero muy pocos de esos iconos llegan a convertirse en leyenda, ya que para ello se requieren unas características muy especiales que, tras su muerte, produzcan esa metamorfosis.

El rey del pop

Efectivamente, en primer lugar no cabe duda de que se requiere talento para llegar a conectar con el gran público de una forma sostenida en el tiempo, un talento muy especial que convierta a esa persona en estrella por su propio talento, con independencia de las campañas de promoción, manteniéndose en ese estrellato trabajo tras trabajo y año tras año.

Con esa primera característica ya tenemos los mimbres para pasar a la siguiente fase, que es la de convertirse en un símbolo para gran parte del público, moviendo a las masas a conciertos multitudinarios, batiendo récords en la venta de discos y en los productos de merchandising, sonando sus canciones de manera incansable, década tras década en los primeros puestos de las listas de éxitos.

A partir de ahí, y si todo va bien, el siguiente paso es convertirse en icono de una generación, en punto de referencia para quienes comenzaron a interesarse por la música en una década determinada y tomaron a ese artista como bandera musical que jamás abandonarán, algo que está al alcance de muy pocos, ya que, además de éxito y reconocimiento, requiere de algunos ingredientes añadidos. Ciertamente, existen muchos artistas o grupos musicales que son emblemas de alguna generación, que han vendido lo que no está escrito y cuya música es de una calidad imbatible. Sin embargo, para convertirse en iconos les falta algo más: la pasión de sus fans.

Efectivamente, el apasionamiento de su generación es clave para convertir a un artista en todo un icono, apasionamiento que, además de una muy buena promoción publicitaria, requiere de altísimas dosis de talento musical, de un carácter muy especial y singular y de una vida con ciertos tintes polémicos. De ahí a la leyenda hay un solo paso: morir relativamente joven.

Y es que Michael Jackson reúne todos esos elementos necesarios para convertirse en leyenda, cumpliéndose ahora el último de ellos: morir relativamente joven.

El inicio de la leyenda: “The Jackson Five”

Michael Jackson se convirtió en estrella del pop desde la misma infancia, formando parte del grupo “The Jackson Five” junto a sus hermanos, pero destacando de entre todos ellos de una manera especial. Talento y una chispa especial era lo que tenía el pequeño Michael, chispa que sólo necesitaba de un leve soplo para convertirse en estrella, soplo que vino de la mano del productor Quincy Jones, todo un símbolo en el entorno artístico y mediático de la comunidad negra de los Estados Unidos y que permitió que Michael Jackson publicara en 1979 el álbum “Off the Wall” en solitario, el cual le granjeó un éxito impresionante que lo condujo a la obtención de su primer Premio Grammy.

Así, el éxito le llegó a Michael Jackson de una forma fulgurante, como la pólvora que arde con una simple chispa y que conduce a una explosión como la que produjo Michael con su tema “Thriller” en 1982, año que marcará un antes y un después en el mundo del pop, del cual se coronará como rey el entonces joven Michael Jackson.

De esta forma, Michael se metería en el bolsillo a la generación de los 80, una generación de Pepsi-Cola, de “E.T., el Extraterrestre” y de Burguer King que se beneficiaba de un incipiente crecimiento económico y de bienestar social que le permitía buscar sus propios iconos de infancia y adolescencia al margen de los de pasados símbolos que pretendían cambiar el Mundo.

Michael Jackson era espectacular, deslumbrando a la generación de los 80 con música y ritmo, con movimientos imposibles y con mensajes alejados de movimientos inconformistas de las décadas precedentes. Michael Jackson era el producto ideal para la generación del “baby boom”, para la generación que comenzaba a sobrealimentarse y cuyas preocupaciones se centraban más en los productos de marca que en cambiar la sociedad.

Michael Jackson era el rey de los 80, un fenómeno que pudo quedar en algo pasajero, como tantos otros, pero que contaba con talento propio, con iniciativa, un factor que le permitiría conservar el título de “Rey del pop” durante la década de los 90, tomando como punto de partida el tema “Black or White” y continuando con el imbatible e innovador álbum “Dangerous”, el cual fue acompañado de la impresionante gira “Dangerous World Tour”.

Haciendo historia desde los noventa

Michael Jackson volvía a ser el “Rey del pop” durante la década de los 90, un reinado que consolidó desde la década anterior granjeándose la amistad y el cariño de prácticamente toda la industria musical del momento, lo que culminó en el lanzamiento de “Usa for Africa”, un movimiento musical solidario que reunió a las estrellas más rutilantes de 1985, lo que indicaba que Michael Jackson era algo más que un producto de la industria musical, ya que era capaz de movilizar a artistas consagrados mucho antes que él.

Pero también movilizaba a las masas, con conciertos musicales multitudinarios con jóvenes ávidos por ver los primeros la última innovación musical o coreográfica de su ídolo encima del escenario, con un uso espectacular y como nunca antes se hizo de las nuevas tecnologías en una puesta en escena precedida por presentaciones de sus temas en video clips que eran verdaderos cortometrajes, cuyo anuncio congregaba frente al televisor al millones de personas de todo el Mundo y que, al día siguiente, eran objeto de titulares en la prensa.

Durante esas dos décadas Michael Jackson era ya un icono generacional, arrastrando a las nuevas generaciones de las décadas siguientes, barriendo en las listas de éxitos y apasionando a unos fans que comenzaban a profesar casi una religión entorno a su ídolo.

Pero llegará el siglo XXI, el cual, paradójicamente, marcará el declive artístico de este amante del futurismo y de la innovación, un siglo en el que verá fracasar su álbum “Invincible” y en el que se verá envuelto en escándalos de presunta pederastia, algo que, quizás, lo llevara a huir del gran público, a ocultarse en un mundo de irrealidad y a padecer el síndrome de Peter Pan, algo que no ocultaba al bautizar su rancho como “Neverland”, un lugar especialmente diseñado para los niños, aunque, quizás, especialmente diseñado para el más niño de todos: el propio Michael.

El siglo XIX continuó siendo una cuesta abajo constante para Michael Jackson, con cada vez más excentricidades que lo convertían en objeto de burla por parte de los medios, con escándalos por doquier y con la falsa acusación sobre su supuesta renuncia a su raza al someterse a tratamientos que iban blanqueando su piel, algo totalmente alejado de la realidad al padecer Michael la enfermedad del vitíligo, una enfermedad que no es tan rara y que afecta especialmente a las etnias de raza oscura, provocándoles una despigmentación de la piel por zonas, algo que resulta desagradable a la vista y que obligó a Michael a optar por disimular su enfermedad utilizando productos cosméticos para blanquear su piel. Quizás esa ha sido la acusación hacia Michael Jackson más extendida, la cual, sin embargo, no mermó en un ápice el amor y el apoyo que hacia el profesaban los miembros de la comunidad afroamericana, que veían en él todo un símbolo.

Creando polémica tras su paso

Deudas, divorcios, hijos obtenidos por procedimientos extraños, apariciones públicas desafortunadas, cirugías estéticas realmente desastrosas, …; fueron minando la imagen pública de Michael Jackson y apagando su estrella como ídolo musical. Pero, ¿realmente ocurrió así? No. Su muerte demostró que Michael Jackson continuaba siendo todo un icono, que movilizaba a las masas y que, a pesar de estar fuera de los escenarios, el solo anuncio de una gira de macroconciertos en el Reino Unido provocaba que las entradas se agotaran a las pocas horas, pagándose cantidades realmente extraordinarias en la reventa.

Y es que, con su muerte, Michael Jackson demostró que reunía todos los requisitos para convertirse en leyenda, llenando informativos, movilizando a sus fans y volviendo a llenar las ondas de su música y las estanterías de las tiendas de discos. Efectivamente, Michael Jackson ya es leyenda, que, como todas, presenta un lado polémico, un lado que aumenta el mito y las especulaciones impulsándolo a él y a su obra a las futuras generaciones, las cuales, sin duda, lo tomarán como un icono musical y de estilo de vida, de la misma forma que lo son otras grandes leyendas de la música cuya vida también estuvo llena de luces y sombras.

Michael Jackson ya es leyenda y nos ha dejado mucho más que una carrera de éxitos; nos ha dejado una forma de entender la música y el baile y todo un universo de sensaciones que florecen en cualquiera de sus temas musicales. Disfruta la leyenda.